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detall de la Carta a Santàngel impresa per Pere Possa a Barcelona l'any 1493, on es dirigeix unicament al Rei i on dos dels primerstopònims amèricans Ferrandina i Illa Bella, van ser canviats posteriorment a Fernandina i Ysabela. |
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| Colom envià
des de Lisboa tres cartes de redactat molt similar: una als Reis, una altra
carta dirigint-se a Gabriel Sanxis, tresorer d'Aragó, i una tercera
a Lluís de Santàngel, escrivà de ració, que
havia estat escrita el 15 de febrer, quan encara estaven a alta mar. Aquestes
cartes son conegudes com "Carta d'en Colom anunciant el descobriment",
"Carta de la primera Navegació", o amb el seu titol en llatí
"De Insula Inventis", aplicant aquestes denominacions indistintament a
les tres versions.
Cap dels originals de les tres cartes ens ha arribat. Coneixem que el contingut de les mateixes era el mateix (o molt similar) pel que coneixem de les seves versions impreses de dues d'elles: la carta dirigida a Santàngel i la dirigida a Sanxis. La dirigida a Santangel impresa per Pere Posa a primers d'abril de 1493 a Barcelona, i la dirigida a Sanxis, impresa per primer cop a Roma, Per Leandre Coscó el 30 de maig de 1493 Primeres edicions en català i en castellà
Mossèn Pere Posa, Prevere (Sant Joan d'Avinyonet
?- Barcelona 1506) fou el primer català en dedicar-se a l'art d'imprimir.
Desde 1481 es dedicà a l'impressió associat a Pere Bru, amb
qui, entre altres obres havia imprès "Vida del rei Alexandre", en
català. L'any 1482 ja en solitari, desde el seu taller al carrer
Boqueria, junt a l'esglèsia del Pi començà a revelar-se
com un mestre del nou art. Imprimí, entre altres moltes obres Imitació
de Crist, de Joan Gerson,1482, llibre de referencia artistica al emprar
per primer cop una orla xilogràfica. Publicà moltes de les
obres de Ramon Llull. Era al morir en 1506, prevere de l'esglèsia
de Sant Jaume (actual plaça de Sant Jaume).
Primera edició en llatí
D'aquesta versió s'en van publicar fins a quatre reedicions a Roma. Altres diferencies entre l'edició en llatí i la en castella de Barcelona son que a la d'en Coscó especifica "pel nostre Rei" i "per tots els pobles d'Espanya", mentres que a l'edició castellana hi diu "per nostres Alteses" i "per la nació castellana".(NOTA:aixó diuen en Porter i la Varela, pero s'ha de comprobar si aixó es l'edició de Barcelona o la de Valladolid, perque crec que trabuquen...) Altres edicions de la Carta
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Carta de Colom a Lluis de Santàngel text imprès en castellà a Valladolid, 1494 Señor, porque sé que habréis placer de la gran victoria que Nuestro Señor me ha dado en mi viaje, vos escribo ésta, por la cual sabréis como en 33 días pasé de las islas de Canaria a las Indias con la armada que los ilustrísimos rey y reina nuestros señores me dieron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número; y de ellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho. A la primera que yo hallé puse nombre San Salvador [isla Watling] a comemoración de Su Alta Majestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado; los Indios la llaman Guanahaní; a la segunda puse nombre la isla de Santa María de Concepción [Cayo Rum]; a la tercera Ferrandina [Isla Long]; a la cuarta la Isla Bella [Isla Crooked]; a la quinta la isla Juana [Cuba], y así a cada una nombre nuevo. Cuando yo llegué a la Juana, seguí
yo la costa de ella al poniente, y la fallé tan grande que pensé
que sería tierra firme, la provincia de Catayo. Y como no hallé
así villas y lugares en la costa de la mar, salvo pequeñas
poblaciones, con la gente de las cuales no podía haber habla, porque
luego huían todos, andaba yo adelante por el dicho camino, pensando
de no errar grandes ciudades o villas; y, al cabo de muchas leguas, visto
que no había innovación, y que la costa me llevaba al setentrión,
de adonde mi voluntad era contraria, porque el invierno era ya encarnado,
y yo tenía propósito de hacer de él al austro, y también
el viento me dio adelante, determiné de no aguardar otro tiempo,
y volví atrás hasta un señalado puerto, de adonde
envié dos hombres por la tierra, para saber si había rey
o grandes ciudades. Anduvieron tres jornadas, y hallaron infinitas poblaciones
pequeñas y gente sin número, mas no cosa de regimiento; por
lo cual se volvieron.
Yo entendía harto de otros Indios,
que ya tenía tomados, como continuamente esta tierra era isla, y
así seguí la costa de ella al oriente ciento y siete leguas
hasta donde hacía fin. Del cual cabo vi otra isla al oriente, distante
de esta diez y ocho leguas, a la cual luego puse nombre la Española
y fui allí, y seguí la parte del setentrión, así
como de la Juana al oriente, 188 grandes leguas por línea recta;
la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y
ésta en extremo.
En ella hay muchos puertos en la costa de la mar, sin comparación de otros que yo sepa en cristianos, y hartos ríos y buenos y grandes, que es maravilla. Las tierras de ella son altas, y en ella muy muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Tenerife; todas hermosísimas, de mil fechuras, y todas andables, y llenas de árboles de mil maneras y altas, y parece que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la hoja, según lo puedo comprehender, que los ví tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España, y de ellos estaban floridos, de ellos con fruto, y de ellos en otro término, según es su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaricos de mil maneras en el mes de noviembre por allí donde yo andaba. Hay palmas de seis o ocho maneras, que
es admiración verlas, por la deformidad hermosa de ellas, mas así
como los otros árboles y frutos e hierbas. En ella hay pinares a
maravilla y hay campiñas grandísimas, y hay miel, y de muchas
maneras de aves, y frutas muy diversas. En las tierras hay muchas minas
de metales, y hay gente en estimable número. La Española
es maravilla; las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas,
y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar
ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares.
La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen. Ellos no tienen hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son muy temeroso a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosa, de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos. Yo defendí que no se les diesen
cosas tan civiles como pedazos de escudillas rotas, y pedazos de vidrio
roto, y cabos de agujetas aunque, cuando ellos esto podían llegar,
les parecía haber la mejor joya del mundo; que se acertó
haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio;
y otros, de otras cosas que muy menos valían, mucho más;
ya por blancas nuevas daban por ellas todo cuanto tenían, aunque
fuesen dos ni tres castellanos de oro, o una arroba o dos de algodón
filado. Hasta los pedazos de los arcos rotos, de las pipas tomaban, y daban
lo que tenían como bestias; así que me pareció mal,
y yo lo defendí, y daba yo graciosas mil cosas buenas, que yo llevaba,
porque tomen amor, y allende de esto se hagan cristianos, y se inclinen
al amor y servicio de Sus Altezas y de toda la nación castellana,
y procuren de ayuntar y nos dar de las cosas que tienen en abundancia,
que nos son necesarias.
Y no conocían ninguna secta ni idolatría salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo, y creían muy firme que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y en tal catamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y esto no procede porque sean ignorantes, y salvo de muy sutil ingenio y hombres que navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta que ellos dan que de todo; salvo porque nunca vieron gente vestida ni semejantes navíos. Y luego que llegué a Indias, en
la primera isla que hallé tomé por fuerza algunos de ellos,
para que deprendiesen y me diesen noticia de lo que había en aquellas
partes, así fue que luego entendieron, y nos a ellos, cuando por
lengua o señas; y estos han aprovechado mucho. Hoy en día
los traigo que siempre están de propósito que vengo del cielo,
por mucha conversación que hayan habido conmigo; y éstos
eran los primeros a pronunciarlo adonde yo llegaba, y los otros andaban
corriendo de casa en casa y a las villas cercanas con voces altas: venid,
venid a ver la gente del cielo; así, todos, hombres como mujeres,
después de haber el corazón seguro de nos, venían
que no quedaban grande ni pequeño, y todos traían algo de
comer y de beber, que daban con un amor maravilloso.
Ellos tienen en todas las islas muy muchas
canoas, a manera de fustas de remo, de ellas mayores, de ellas menores;
y algunas son mayores que una fusta de diez y ocho bancos. No son tan anchas,
porque son de un solo madero; mas una fusta no terná con ellas al
remo, porque van que no es cosa de creer. Y con éstas navegan todas
aquellas islas que son innumerables, y tratan sus mercaderías. Alguna
de estas canoas he visto con 70 y 80 hombres en ella, y cada uno con su
remo.
En todas estas islas no vi mucha diversidad de la hechura de la gente, ni en las costumbres ni en la lengua; salvo que todos se entienden, que es cosa muy singular para lo que espero que determinaran Sus Altezas para la conversión de ellos a nuestra santa fe, a la cual son muy dispuestos. Ya dije como yo había andado 107
leguas por la costa de la mar por la derecha línea de occidente
a oriente por la isla de Juana, según el cual camino puedo decir
que esta isla es mayor que Inglaterra y Escocia juntas; porque, allende
de estas 107 leguas, me quedan de la parte de poniente dos provincias que
yo no he andado, la una de las cuales llaman Avan, adonde nace la gente
con cola; las cuales provincias no pueden tener en longura menos de 50
o 60 leguas, según pude entender de estos Indios que yo tengo, los
cuales saben todas las islas.
Esta otra Española en cierco tiene más que la España toda, desde Colliure, por costa de mar, hasta Fuenterrabía en Viscaya, pues en una cuadra anduve 188 grandes leguas por recta línea de occidente a oriente. Esta es para desear, y vista, para nunca dejar; en la cual, puesto que de todas tenga tomada posesión por Sus Altezas, y todas sean más abastadas de lo que yo sé y puedo decir, y todas las tengo por de Sus Altezas, cual de ellas pueden disponer como y tan cumplidamente como de los reinos de Castilla, en esta Española, en el lugar más convenible y mejor comarca para las minas del oro y de todo trato así de la tierra firme de aquí como de aquella de allá del Gran Can, adonde habrá gran trato y ganancia, he tomado posesión de una villa grande, a la cual puse nombre la villa de Navidad; y en ella he hecho fuerza y fortaleza, que ya a estas horas estará del todo acabada, y he dejado en ella gente que abasta para semejante hecho, con armas y artellarías y vituallas por más de un ano, y fusta, y maestro de la mar en todas artes para hacer otras, y grande amistad con el rey de aquella tierra, en tanto grado, que se preciaba de me llamar y tener por hermano, y, aunque le mudase la voluntad a ofender esta gente, él ni los suyos no saben que sean armas, y andan desnudos, como ya he dicho, y son los más temerosos que hay en el mundo; así que solamente la gente que allá queda es para destruir toda aquella tierra; y es isla sin peligros de sus personas, sabiéndose regir. En todas estas islas me parece que todos los hombres sean contentos con una mujer, y a su mayoral o rey dan hasta veinte. Las mujeres me parece que trabajan más que los hombres. Ni he podido entender si tienen bienes propios; que me pareció ver que aquello que uno tenía todos hacían parte, en especial de las cosas comederas. En estas islas hasta aquí no he hallado hombres mostrudos, como muchos pensaban, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento, ni son negros como en Guinea, salvo con sus cabellos correndíos, y no se crían adonde hay ímpeto demasiado de los rayos solares; es verdad que el sol tiene allí gran fuerza, puesto que es distante de la línea equinoccial veinte y seis grados. En estas islas, adonde hay montañas grandes, allí tenía fuerza el frío este invierno; mas ellos lo sufren por la costumbre, y con la ayuda de las viandas que comen con especias muchas y muy calientes en demasía. Así que mostruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla Quaris, la segunda a la entrada de las Indias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana. Estos tienen muchas canoas, con las cuales corren todas las islas de India, y roban y toman cuanto pueden; ellos no son más disformes que los otros, salvo que tienen costumbre de traer los cabellos largos como mujeres, y usan arcos y flechas de las mismas armas de cañas, con un palillo al cabo, por defecto de hierro que no tienen. Son feroces entre estos otros pueblos que son en demasiado grado cobardes, mas yo no los tengo en nada más que a los otros. Estos son aquéllos que tratan con las mujeres de Matinino, que es la primera isla, partiendo de España para las Indias, que se halla en la cual no hay hombre ninguno. Ellas no usan ejercicio femenil, salvo arcos y flechas, como los sobredichos, de cañas, y se arman y cobijan con launes de arambre, de que tienen mucho. Otra isla hay, me aseguran mayor que la Española, en que las personas no tienen ningún cabello. En ésta hay oro sin cuento, y de ésta y de las otras traigo conmigo Indios para testimonio. En conclusión, a hablar de esto solamente que se ha hecho este viaje, que fue así de corrida, pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hubieren menester, con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán; ahora, especiería y algodón cuanto Sus Altezas mandarán, y almástiga cuanta mandarán cargar, y de la cual hasta hoy no se ha hallado salvo en Grecia en la isla de Xío, y el Señorío la vende como quiere, y ligunáloe cuanto mandarán cargar, y esclavos cuantos mandarán cargar, y serán de los idólatras; y creo haber hallado ruibarbo y canela, y otras mil cosas de sustancia hallaré, que habrán hallado la gente que yo allá dejo; porque yo no me he detenido ningún cabo, en cuanto el viento me haya dado lugar de navegar; solamente en la villa de Navidad, en cuanto dejé asegurado y bien asentado. Y a la verdad, mucho más hiciera, si los navíos me sirvieran como razón demandaba. Esto es harto y eterno Dios Nuestro Señor,
el cual da a todos aquellos que andan su camino victoria de cosas que parecen
imposibles; y ésta señaladamente fue la una; porque, aunque
de estas tierras hayan hablado o escrito, todo va por conjectura sin allegar
de vista, salvo comprendiendo a tanto, los oyentes los más escuchaban
y juzgaban más por habla que por poca cosa de ello. Así que,
pues Nuestro Redentor dio esta victoria a nuestros ilustrísimos
rey e reina y a sus reinos famosos de tan alta cosa, adonde toda
la cristiandad debe tomar alegría y hacer grandes fiestas, y dar
gracias solemnes a la Santa Trinidad con muchas oraciones solemnes por
el tanto ensalzamiento que habrán, en tornándose tantos pueblos
a nuestra santa fe, y después por los bienes temporales; que no
solamente la España, mas todos los cristianos ternán aquí
refrigerio y ganancia.
Fecha en la carabela, sobre las islas
de Canaria, a 15 de febrero, año 1493.
Después de ésta escrita, y estando en mar de Castilla, salió tanto viento conmigo sul y sueste, que me ha hecho descargar los navíos. Pero corrí aquí en este puerto de Lisboa hoy, que fue la mayor maravilla del mundo, adonde acordé escribir a Sus Altezas. En todas las Indias he siempre hallado los temporales como en mayo; adonde yo fui en 33 días, y volví en 28, salvo que estas tormentas me han detenido 13 días corriendo por este mar. Dicen acá todos los hombres de la mar que jamás hubo tan mal invierno ni tantas pérdidas de naves. Fecha a 4 días de marzo |
Carta
de Colom a Gabriel Sanxis
text imprès en llatí per Leandre Coscó a Roma el 1493 transcripció de l'edició de Basilea de 1494: In laudem Serenissimi Ferdinandi Hispaniaerum regis, Bethicae et regni Granatæ, obsidio, victoria, et triûphus, Et de Insulis in mari Indico nuper inuentis Acta Ludis Romanis Innocêtio octauo in solio Petri sedente Anno a Natali Saluatoris ·M·CCCC·XCII· Vndecimo Kalendas Maii. ·1·4·9·4· NIHIL SINE CAVSA. .I. .B. De Insulis nuper in mari Indico repertis De Insulis nuper inuentis
Quoniam suscepte prouinciæ
rem perfectam me consecutiim fuisse: gratum tibi fore scio.has constitui
exarare: quæ te uniuscuiusque rei in hoc nostro itinere geste inuêteque
admoneant.
Divi Saluatoris nomen imposui cuius fretus auxilio: tam ad hanc quam ad ceteras alias pervenimus. Eam vero Indi Guanahanyn vocant. Aliarum etiam linamquanque novo nomine nuncupavi Quippe aliam Insulam Sancte Maria Conceptionis. aliam Fernandinam. aliam Hysabellam. aliam Iohannam, et sic de reliquis appellari iussi. Cum primum in eam Insulam (quam dudum Iohannam vocari dixi) appulimus: iuxta eius littus occidentem versus aliquantulum processi: tamque eam magnam nullo reperto fine inveni: ut non insulam: sed continentem Chatay provinciam esse crediderim: nulla tamen videns oppida, municipiaue in maritimis sita confinibus: praiter aliquos vicos et predia rustica: cum quorum incolis loqui nequibam: quare simul ac nos videbant, surripiebant fugam. progrediebar ultra: existimans aliquam me urbem villas ve inventurun. Denique videns quod longe admodum progressis: nihil novi emergebat: et buiusmodi via nos ad Septentrionem deferebat (quod ipse fugere exoptabam: terris etenim regnabat bruma) ad austrumque erat in voto contendere: nec minus venti flagitantibus succedebant. constitui alios non operiri successus: et sic retrocedens: ad portum quendam (quem signaveram) sum reversus: unde duos homines ex nostris in terram missi: qui investigarent: esset ne Rex in ea provincia, urbesve aliquæ. Hi per tres dies ambularunt: inveneruntque innumeros populos et habitationes: parvas tamen et absque ullo regimine: quapropter redierunt. Interea ego iam intellexeram a quibusdam
Indis: quos ibidem susceperam: quomodo huiusmodi provincia
Hæc multis atque tutissimus et latis:
nec aliis quos unquam viderim comparandis portibus: est circumdata. multi
maximi et salubres hanc interfluunt fluvii. multi quoque et eminentissimi
in ea sunt montes. Omnes he insule sunt pulcerrrime et variis distincte
figuris: pervie: et maxima arborum varietate sidera lambentium plene: quas
nunquam foliis privari credo: quippe vidi eas ita virentes atque decoras:
ceu mense Maio in Hispania solent esse: quarum alie florentes: alie fructuose:
alie in alio statu: secundum uniuscuiusque qualitatem vigebant: garriebat
philomena: et alii passeres varii ac innumeri: mense Novembris quo ipse
per eas deambulabam:
Sunt praeterea in dicta Insula Iohanna:
septem vel octo palmarum genera: quæ proceritate et pulchritudine.
quemadmodum caetere omnes arbores, herbe fructusque, nostras facile exuperant.
Sunt et mirabiles pinus, agri, et prata vastissima, varie aves, varia mella,
varique metalla: ferro excepto.
Cuius quidem et omnium aliarum quas ego vidi: et quarum cognitionem habeo incole utriusque sexus: nudi semper incedunt: quemadmodum eduntur in lucem. præter aliquas feminas. que folio frondeve aliqua: aut bombicino velo: pudenda operiunt: quod ipse sibi ad id negocii parant. Carent hi omnes (ut supra dixi) quocunque
genere ferri. carent et armis: utpote sibi ignotis. nec ad ea sunt apti.
non propter corporis deformitatem: (cum sint bene formati) sed quia sunt
timidi ac pleni formidine. gestant tamen pro armis arundines sole perustas:
in quarum radicibus: hastile quoddam ligneum ficcum et in mucronem attenuatum
figunt:
Ego attamen prohibui ne tam minima et nullius
precii hisce darentur: ut sunt lancis, parapsidum, utirique fragmenta,
Item clavi, ligule, quamquam si hoc poterant adipisci: videbatur eis pulcerrima
mundi possidere iocalia. Accidit enimquendam navitam: tantum auri
pondus habuisse pro una ligula: quanti sunt tres aurei solidi: et sic alios
pro aliis minoris precii: præsertim pro blanquis novis: et quibusdam
nummis aureis: pro quibus habendis dabant quicquid petebat venditor: puta
unciam cum dimidia et duas auri:: vel triginta et quadraginta bombicis
pondo: quod ipsi iam nouerant. Item arcum, amphore, hidrie, doliique fragmenta:
bombice et auro tanquam bestie comparabant: quod quia iniquum sane erat:
vetui: dedique eis multa pulcra et grata: que mecum tuleram nullo interveniente
praemio: ut eos mihi facilius conciliarem: fierentque christicole: et ut
sint proni in amorem erga Regem reginam principesque nostros et
universas gentes Hispaniæ: ac studeant perquirere et coacervare:
eaque nobis tradere quibus ipsi afflunt et nos magnopere indigemus.
Ego statim atque ad mare illud pervenire: prima Insula quosdam Indos violenter arripui: qui ediscerent a nobis: et nos pariter docerent ea: quorum ipsi in hisce partibus cognitionem habebant. et ex voto suscessit: nam brevi nos ipsos: et hi nos: tum gestu ac signis: tum verbis intellexerunt: magnoque nobis fuere emolumento: veniunt modo mecum tamen: qui semper putant me desiluisse e coelo quamvis diu nobiscum versati fuerint: hodieque versentur. et hi erant primi: qui id quodcumque appellabamus nunciabant: alii deinceps aliis elata voce dicentes. Venite venite et videbitis gentes ethereas. Quamobrem tam femine quam viri: tam impuberes quam adulti, tam iuvenes quam senes: deposita formidine, paulo ante concepta: nos certatim visebant magna iter stipante caterva, aliis cibum, aliis potum afferentibus: maximo cum amore ac beninolentia incredibili. Habet unaqueque Insula: multas scaphas solidi ligni; et si angustas: longitudine tamen ac forma nostris biremibus similes: cursu autem velociores. Reguntur remis tantummodo: Harum quaedam sunt magnæ: quaedam parve: quaedam in medio consistunt. Plures tamen biremi que remigent duodeviginti trantis maiores: cum quibus in omnes illas Insulas: que innumere sunt: traiicitur cunque his suam mercaturam exercent: et inter eos commertia fiunt. Aliquas ego harum biremium seu scapharum vidi: quae vehebant setuaginta et octoaginta remiges. In omnibus his Insulis nulla est diversitas inter gentis effigies. nulla in moribus atque loquela: quin omnes se intelligunt adinuicem: quæ res perutilis est ad id: quod serenissimorum Regem nostrum exoptare praecipue reor: scilicet eorum ad sanctam Christi fidem conversionem. cui quidem quantum intelligere potui facilimi sunt et proni. Dixi quenadmodum sum progressus antea Insulam Iohanam per rectum tramitem occasus in orientem miliaria CCCXII. secundum quam viam et intervallum itineris: possum dicere hanc Iohanem esse maiorum Anglia et Scotia simul: namque ultra dicta .CCCXXII passuum milia: in ea parte que ad occidentem prospectat: due (quas non pecii) super sunt provincie: quarum alteram Indi Anan vocant: cuius accole caudati nascuntur. Tendentur in longitudinem ad miliaria .CLXXX. ut ab his quos veho mecum Indis percepi: qui omnis has callent Insulas. Hispane vero ambitus maior est tota Hispania
a Cologna usque ad Fontemrabidum. hincque facile arguitur quod quartum
eius latus quod ipse per rectam lineam occidentis in orientem traieci:
miliaria continet .DXL. Haec Insula est affectanda et affectata non spernenda
in qua et si aliarum omnium ut dixi pro Invictissimo Rege nostro
solenniter possessionem accepi: earumque imperium dicto Regi penitus
committitur: in oportuniori tamen loco: atque omni lucro et commertio condecenti:
cuiusdam magne ville: cui Nativitatis domini nomen dedimus: possessionem
peculiariter accepi. ibique arcem quandam erigere extemplo iussi: que modo
iam debet esse peracta: in qua homines necessarii sunt visi: cum omni armorum
genere: et ultra annum victu oportuno reliqui. Item quandam caravellam:
et pro aliis construendis tam in hac arte quam in ceteris peritos: ac eiusdem
Insule Regis erga nos benivolentiam et familiaritatem incredibilem. Sunt
enim gentes ille amabiles ad modum et benigne: eo quod Rex prædictus
me fratrem suum dici gloriabatur. Et si animum revocarent: et his qui in
arce manserunt nocere velint:
In omnibus his Insulis ut intellexi: quisque tantum coniugi acquiescit: præter principes aut reges: quibus viginti habere licet. Feminæ magis quam viri laborare videntur; nec bene potui intelligere an habeant bona propria vidi enim quod unus habebat aliis impartiri: presertim dapes, obsonia, et huiusmodi. Nullum apud eos monstrum reperi: ut plerique
existimabant: sed homines magnae reuerentiae atque benignos. Nec sunt nigri
velut ethiopes. habent crines planos ac demissos: non degunt ubi radiorum
solaris emicat calor. per magna nanmque hic est solis vehementia: propterea
ab equinoctiali linea distat (ubi videtur) gradus sex et viginti Ex montium
acuminibus maximum quoque viget frigus: sed id quidem moderantur Indi:
tum loci consuetudine: tum rerum calidissimarum quibus frequenter et luxuriose
vescuntur praesidio. Itaque môstra aliqua non vidi:
Aliam mihi Insulam affirmant supradicta Hispana maiorem: eius incole carent pilis. auroque inter alias potissimum exuberat. Huius Insule et aliarum (quas vidi) homines mecum porto:qui horum quæ dixi testimonium perhibent. Denique ut nostri discessus et celeris
reversionis compendium: ac emolumentum breuibus astringam hoc polliceor:
me nostris Regibus invictissimis parvo eorum fultum auxilio: tamum auri
daturum quantum eis fuerit opus. tantum vero aromatum. bombicis. masticis
(que apud Chium duntaxat invenitur) tantumque lignialoes. tantum servorum
idrohilatorum: quantum eorum maiestas voluerit exigere. Item reubarbarum
et alia aromatum genera: quæ hii quos in dicta arce reliqui, iam
invenusse: atque inventuros existimo. quandoquidem ego nullibi magis sum
moratus nisi quantum me coegerunt venti: præterquam in villa Nativitatis:
dum arcem condere et tuta omnia esse providi. Quæ et si maxima et
inaudita sunt: multo tamen maiora forent si naves mihi (ut ratio exigit)
subvenissent.
Verum multum ac mirabile hoc: nec nostris
meritis correspondens: sed sancte Christiane fidei: nostrorunque Regum
pietati ac religioni. quia quod humanus consequi non poterat intellectus:
id humanis concessit divinus.
Vale.
Epigrâma. R. L. de Corbaria Episcopi Môtispalusii. Ad Inuictissimû Regem Hispaniarum. Iam nulla Hispanis tellus addenda triumphis: Atque parum tantis viribus, orbis erat. Nunc longe Eois regio deprensa sub vndis: Auctura est titulos Bethice magne tuos. Vnde repertori merito referenda Columbo Gratia: sed summo est maior habenda deo: Qui vincenda parat noua regna, tibique sibique: Teque simul fortem præstat et esse pium |
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| Carta
de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos anunciando
el descubrimiento del Nuevo Mundo.
4 de marzo de 1493. Llibre copiador Christianísimos e muy altos e muy poderosos príncipes: Aquel eterno Dios que a dado tantas victorias a V. Al., agora les dio la mas alta que hasta oy a dado a príncipes. Yo bengo de las Yndias con la armada que V. Al. Me dieron, adonde yo pasé en treinta y tres días después que yo partí de vuestros reinos; e los catorze d'estos treinta y tres fueron calmerías en que anduve muy poco camino. Hallé gente sin número y muy muchas islas, de las cuales tomé posesión en nombre de V. Al., com pregón real e vandera real de V. Al. estendida; y no fue contradicho. A la primera puse nombre la isla de Sant Salvador a memoria de su Alta Magestad; a la segunda, de Santa María de Conçibiçión; a la tercera, Fernandina; a la cuarta, la Ysavela; a la quinta, la Juana, y a las otras ansí nombre nuevo. Después que yo llegué a la Juana, seguí la costa d'ella al poniente y la hallé tan grande, que yo pensé que no sería isla salvo tierra firme y que sería al provinçia del Catayo, ni podría aver d'ello notiçias, porque en todo cavo donde yo llegava huía la gente y no podía aver habla. Y porque no podía haber fallado poblaçón notable, creía que, andando por costa, no podría herrar de hallar alguna villa o gran çiudad, así como cuentan aquellos que an estado por tierra en la dicha provinçia. Y después que seguí mucho esta tierra, hallé que yo dexava el poniente y me llevava al setrentión, y hallé el viento que de allá venía, con el cual no quise porfiar fasta que pasase y viniese otro, porque ya era el invierno encarnado, y no tenía el propósito sino de huir d'él al austro. Y así tomé la buelta atrás en este medio. Ya entendía algo de la fabla y señas de unos indios que yo avía tomado en la isla de Sant Salvador, y entendía que todavía hera ésta isla. Y asín vine en un muy buen puerto, del cual enbié dos hombre la tierra adentro tres jornadas, con uno de los mismos indios que yo traía, el cual avía tomado amistad conmigo, porque viesen y supiesen si avía çiudades o grandes poblazones, y qué tierra era y qué avía en ella. Hallaron mucha poblazones y gentes sin número, mas no cosa de gran regimento, y ansí se bolvieron. Yo partí y tomé, en el dicho puerto, çiertos indios, porque tanbién yo pudiese d'ellos entender o comprehender de las dichas tierras. Y así seguí la costa de la mar d'esta isla al oriente çiento y siete leguas, hasta donde hazía fin. Y antes que yo d'ella partiese, yo vide otra isla al oriente, distante d'esta diez y ocho leguas, a la cual luego llamé la Española. Y me fue luego a ella y seguí su costa de la parte del setrentrión, así como de la Juana, siempre recta lignea al oriente çiento y ochenta y ocho leguas bien grandes. Y surgí en muy muchos puertos, en los cuales y en todos los otros de las otras islas puse una grandísima cruz en el lugar más idóneo, y obe en muchos lugares lenguas. Abasta que yo andove ansí fasta diez y seis días de henero, que yo determiné de bolver a V. Al., así por aver ya fallado lo más de lo que yo deseava, como porque ya no tenía salvo una caravela, que la nao que yo llevé avía dexado con la gente en la villa de la Navidad de V. Al., fortaleçiéndose en ella, como después diré; y la otra caravela uno de Palos, a quien yo avía dado cargo d'ella esperando buen serviçio, se me avía ido con ella, con pensamiento de tomar mucho oro de una isla de la cual avía dado nuevos un indio, que con él yo (¿?) después hazer lo que vien viniese. La mar es la más dulçe para navegar que ay en el mundo y con menos peligros para nao y navío de toda suerte, mas para descubrir las caravelas pequeñas son mejores, porque andando junto con tierra y con ríos a menester, para descubrir mucho, que demanden poco fondo y se ayuden de remos. Ni ay jamás tormenta, que beo en todo cavo adonde e estado la yerva y los árboles hasta dentro de la mar. Alliende de las sobredichas islas e hallado otras en las Yndias, de que no curo de dezir en la presente carta. Las cuales con estas otras son en tanta fertilidad que, aunque yo lo supiese dezir, no hera maravilla ponerse dubda en la crehençia. Los aires temperatísimos, los árboles y frutos y yervas son en estrema fermosura y muy diversos de los nuestros. Los ríos son tantos y tan estremos en bondad de los de las partidas de christianos, qu'es maravilla. Todas esta islas son populatísimas de la mejor gente sin mal ni engaño que aya debaxo del çielo. Todos, ansí mugeres como hombres, andan desnudos como sus madres los parió, aunque lagunas mugeres traen alguna cosita de algodón o una forja de yerva, con que se cobijan. No tienen fierro ni armas, salvo unas çimas de cañas en que ponen al cavo un palillo delgado agudo; todo lo que labran es con piedras. Y no e podido entender que alguno tenga bienes propios, porque algunos días que yo estuve con este Rey en la villa de la Navidad vía que todo el pueblo, y en especial la mugeres, le traían los 'agis', qu'es su vianda que comen, y él los mandava destribuir: muy singular mantenimiento... En ninguna parte d'estas islas e conocido en la gente d'ellas seta ni idolatría ni mucha diversidad en lengua de unos a otros, salvo que todos se entienden. Conoçí que conoçen que en el çielo están todas las fuerças, y generalmente, en cuantas tierras yo aya andado, creyeron y creen que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y con este acatamiento me reçebían. Y oy en el día están en el mesmo propósito, ni se an quitado d'ello, por mucha conversación que ayan tenido con ellos; y luego, en llegando a cualquier poblazón, los hombre y mugeres y niños andan dando bozes por las casas: 'Benid, benid la gente del çielo'. Cuanto tienen y tenían davan por cualquier cosa que por ello se le diese, hasta tomar un pedazo de bidrio o de escudilla rota o cosa semejante, quiera fuese oro quier fuese otra cosa de cualquier valor. Por los cavos de las agujetas de cuero ovo un marinero más de dos castellanos y medio. Y d'estas cosas ay diez mill de contar. Estas islas son todas muy llanas y tierra muy baja, salvo la Juana y la Española: estas dos son tierras muy altas, y en ellas ay sierras y montañas altísimas sin comparaçión de la isla de Tenerife. Son las montañas todas de mill hechuras y todas fermosísimas y fertilísimas y andables y llenas de árboles; pareçen que llegan al çielo. E la una y la otra d'estas dichas islas son muy grandes que, como dicho tengo, yo andove por la línea recta çiento y siete leguas por la Juana, y me quedavan dos provincias por andar de la parte de nurueste, en que, según pude comprehender d'estos indios, que de longura no puede aver menos de çincuenta a sesenta leguas, ansí que (¿?) por argumento es muy mayor que Ynglaterra y Escoçia juntas. Esta otra Española es mayor en çerco que toda la España, la que, como dixe arriba, anduve por la lígnea recta de poniente a oriente çiento y ochenta y ocho grandes leguas que en ella ay en aquella cuadra. La Juana es de muchos ríos, y en ella ay grandes montañas y grandísimos valles y vega y campos, y toda llena de árboles y palmas grandísimas y de mill maneras a maravilla. La Española en todo tiene ventaja: los árboles no son tan altos ni de la mesma calidad, salvo muy frutíferos y espaçiosos; y deleitables tierras para todas cosas y para sembrar y plantar y criança de ganados, de que en ninguna isla e visto de ningún espeçie. Tiene esta isla los aires a maravilla templados, y las vegas y campiñas a maravilla y sin comparaçión de las de Castilla, y eso mismo los ríos an grandes y buenas aguas, y los más traen oro. Los puertos de la mar son tantos y tam buenos que no lo creerán salvo por vista. En éstas ni en otras islas no me e detenido por muchos respectos, como ya ençima dixe, en espeçial porque açiertó de ser inbierno cuando yo corría estas costas, la cuales no davan lugar para que yo pudiese ir al austro, porque estava en la parte del setentrión d'ellas y los vientos siempre fueron casi este tiempo levantes, que eran contrarios a seguir mi navegaçión; después yo no entendía aquella gente ni ellos a mí, salvo cuanto el alvedrío enseñava, bien qu'ellos llevavan pena y yo mucho más, porque yo deseava aver buena informaçión de todo. Y el descanso que yo para esto tomé fue los indios que yo tenía, qu'ellos deprendían nuestra lengua y nos la suya, y después al tanto del otro viaje se sabrá, así que no avía razón de me detener a perder tiempo en ningún puerto en cuanto yo tuviese lugar de navegar. Y también, como dicho tengo, estos navíos que yo traía heran muy grandes y pesados para semejante fecho, y en especial la nao que yo traía, de que vien temeroso estava yo antes que de Castilla partiese. Bien quisiera llevar pequeñas caravelas, mas como era este el primer viaje y la gente que llevava era temerosa de hallar la mar brava y dubdosos del viaje, y avía ya avido tantas contrariedades y se atrevía quienquiera a contradezir este camino y poner en ello mill peligros, sin alguna razón que a ello pudiesen dar, me hizieron negar mi voluntad y hazer todo lo que aquéllos que conmigo avían de ir querían, y por fazer una vez el biaje y hallar la tierra. Mas Nuestro Señor, qu'es lumbre y fuerça de todos aquellos que andan a buen fin y les da victorias de cosas que pareçen inposibles, quiso hordenar que yo hallase y oviese de hallar oro y minas d'él y espeçería y gente sin número, unos dispuestos para ser christianos y otros para que los christianos (¿?) a ellos, y me dió lugar con maravilla besible adonde yo hiziera la fuerça, la cual agora está o debe estar acavada del todo, y hordené que baxase en ella, en posesión de la villa de la Navidad, la gente que yo tenía en la nao y algunos de las caravelas, probeídos de mantenimientos para más de un año y muy mucha artillería y muy sin peligro de nadie, antes con mucha amistad del Rey de aí, el cual se preçiava de me llamar y tener por hemano; el cual todo amostrava de aver en la mayor dicha del mundo, como dixe, y así el Rey como los otros, de manera que la gente que allá dexé es para sojudgar toda la isla sin peligro. Esta isla es el lugar, como dicho tengo, aseñalado por amnos de Nuestro Señor; por donde espero que Su Magestad a de dar a V. A. Tanto oro como abrán menester; espeçería, de una pimienta, cuantas naos V. Al. mandare cargar, y almátiga cuanta mandare cargar, de la cual no se halla hasta oy salvo en la isla d'Exío en Grecia y la venden el Señorío como quieren, que creo que saquen más de cuarenta y çinco mill ducados d'ella cada año; y la lináloe cuanto mandaren cargar, y algodón cuanto mandaren cargar, y esclavos tantos que no ay número, y serán de los idólatras; y creo aver hallado ruibarvo y canela. Esto todo hallé agora que fue así de corrida, mas espero en Dios que a la buelta abrá hallado la gente que yo allá dexé otras mill cosas de gran sustançia, porque así les dexé encargado, y les dexé barca y aparejos para ello y para fazer barcas y fustas y maestros de todas artes de la mar. Y sobre todo, tengo por de V. A. Las sobredichas islas todas, y que puede disponer d'ellas así como puede y más cumplidamente de los reinos de Castilla, y en especial d'esta Española. Concluyo aquí que, mediante la graçia divinal de Aquél qu'es comienço de todas cosas virtuosas y buenas y que da favor y victoria a todos aquellos que van en su camino, que de oy en siete años yo podré pagar a V. Al. çinco mill de cavallo y çincuenta mill de pie en la guerra e conquista de Jherusalem, sobre el cual propósito se tomó esta empresa; y dende a çinco años otros çinco mill de cavallo y cincuenta mill de pie, que serían diez mill de cavallo y çient mill de pie, y esto con muy poca costa que faga agora V. A. En este comienço, para que se tengan todas las Yndias y lo que en ellas ay en la mano, como despué diré por palabra a V. A. Y para esto tengo razón y no hablo inçierto, y no se debe dormir en ello, como se a fecho en la esecuçión d'esta enpresa, de que Dios perdone a quien a sido causa d'ello. Muy poderosos prinçipes, de toda la christiandad debe hazer muy grandísismas fiestas y en espeçial la Yglesia de Dios, por aver fallado tanta multidumbre de pueblos tan allegados, para que con poco trabajo se tornen a nuestra sancta fee, y de tantas tierras llenas de tantos bienes a nos muy neçesarios, en que abrán todos los christianos refrigerio y ganançia, donde todo estava incógnito ni se conatava d'ello salvo en manera de fábula. Grandes alegrías y fiestas en las iglesias y muchas alabanças a la Sancta Trinidad debe en especial mandar hazer V. Al. en todos sus reinos y señoríos por el gran amor que les a amostrado, más que a otro prínçipe. Agora, serenísimos príncipes, acuerde V. Al. que yo dexé muger e hijos y vine de mi tierra a les servir, adonde gasté lo que yo tenía y gasté siete años de tiempo y recibí mill oprovios con disfama y çofrí muchas neçesidades, y no quise entender con otros prínçipes que me rogaron, puesto que V. Al. aya dado recaudo a este viaje, que a sido más por inportunidad mía que no por otra cosa, y que no solamente se me a hecho merced, mas aún no se a cumplido lo que se me avía prometido. Yo no demando merçed a V. Al. para athesorar, porque yo no tengo condiçión salvo de servir a Dios y a V. Al. y traer este negocio de las Yndias a perfectión, como el tiempo dará d'ello testimonio; y por tanto les suplico que la honra me sea dada según el serviçio. Tanbién la Iglesia de Dios deve de entender en esto: a probeer de perlados y devotos y savios religiosos; y porque la cosa es tan grande y de tal calidad qu'es razón que provea el Sancto Padre de perlados que sean muy fuera de cubdiçia de bienes temporales, y muy propios al serviçio de Dios y de V. Al., y por tanto a ella suplico que, en la carta que escriva d'esta victoria, que le demanden un cardenalgo para mi hijo y que, puesto que no sea en hedad idónea, se le dé, que de poca diferençia ay en el tiempo d'él y del hijo del Ofiçio de Médizis de Florençia, a quien se dio el capelo sin que aya servido ni tenga propósito de tanta honra de la christiandad; y que me faga merçed de la carta d'esto, porque yo lo embié a procurar. Otrosí, serenísimos prínçipes, porqu'el pecado del desagradeçimiento fue el primero punido, yo conozco que, por yo no tenerlo, será todo tiempo de procurar con V. Al. este negoçio, que sin dubda que, si no fuera Villacorta, el cual a todo tiempo que era menester requería y travajava, porque yo ya estava aborrido del todo y todos ya cansados los que avían entendido y entendían en ello. Por tanto, suplico a V. Al. que me hagan merçed de le hazer contador mayor de la Yndias, que yo quedo por fiador que lo hará él bien. Por ende es razón que V. Al. sepan que la primera isla de las Yndias más llegadas d'España es toda poblada de mugeres sin ningún hombre, y su trato no es feminil, salvo usar armas y otros exerçiçios de hombre. Traen arcos y flechas y se adornan de lásminas de alambre, del cual metal tienen en muy grande cantidad. A esta isla llaman 'Mateninó'. A la segunda llaman 'Caribo' (¿?), leguas d'ésta distante. Aquí están aquellos pueblos, de qu'están todos los restantes de las otras islas de Yndias temerosos. Éstos comen carne umana. Son grandes frecheros. Tienen muchas canoas, casi tan grandes como fustas de remo, con las cuales corren todas la Yndias, y son tan temidos que a uno no an par ni ciento. Ellos andan desnudos como los otros, salvo que traen los cavellos muy cumplidos, como mugeres. Creo que la cobardía tan grande de los pueblos de las otras islas, qu'es sin remedio, hagan dezir qu'éstos de Caribe sean osados, mas yo los tengo en la estima de los otros; y cuando V. Al. mandare que yo les enbíe esclavos, espero yo de los traer o enbiar d'éstos la mayor parte. Éstos son aquéllos que tratan con las mugeres de Mateninó; las cuales, si paren hembra, tiénenla consigo y, si muchacho, críanle hasta que pueda comer por sí y después enbíanlo a Caribo: Entremedia d'estas islas de Caribo y de la Española está otra isla que llaman 'Boriquén', y todo es en poca distançia de la otra parte de la isla Juana, a qu'ellos llaman 'Cuba'. En la parte más oçidental, en una de las dos probinçias que yo dexé de andar, la cual se llama 'Faba', naçen todos con cola. Detrás d'esta isla Juana, a una vista, ay otra, que me asiguravan estos indios que otra ay mayor qu'ella, a que llaman 'Jamaica', adonde toda la gente d'ella son sin cabellos; en ésta ay oro sin medida. E agora traigo indios conmigo que an estado en las unas y en las otras y saven la lengua y las costumbres. No más, salvo que la Santísima Trinidad guarde y prospere el real estado de V. Al. a Su santo serviçio. Fecha en la mar de España a cuatro días de março de mill y cuatroçientos y noventa y tres años en la mar. |
Letter
of Christopher Columbus
to Gabriel Sanxis, english translation Letter of Christopher Columbus, to whom
our age owes much, concerning the islands recently discovered in the Indian
sea. For the search of which, eight months before, he was sent under the
auspices and at the cost of the most invincible Ferdinand, king of Spain.
Addressed to the magnificent lord Raphael Sanxis, a treasurer of the same
most illustrious king, and which the noble and learned man Aliander de
Cosco has translated from the Spanish language
Because my undertakings have attained success, I know that it will be pleasing to you: these I have determined to relate, so that you may be made acquainted with everything done and discovered in this our voyage. On the thirty-third day after I departed from Cadiz, I came to the Indian sea, where I found many islands inhabited by men without number, of all which I took possession for our most fortunate king, with proclaiming heralds and flying standards, no one objecting. To the first of these I gave the name of the blessed Saviour, on whose aid relying I had reached this as well as the other islands. But the Indians call it Guanahany. I also called each one of the others by a new name. For I ordered one island to be called Santa Maria of the Conception, another Fernandina, another Isabella, another Juana, and so on with the rest. As soon as we had arrived at that island which I have just now said was called Juana, I proceeded along its coast towards the west for some distance; I found it so large and without perceptible end, that I believed it to be not an island, but the continental country of Cathay; seeing, however, no towns or cities situated on the sea-coast, but only some villages and rude farms, with whose inhabitants I was unable to converse, because as soon as they saw us they took flight. I proceeded farther, thinking that I would discover some city or large residences. At length, perceiving that we had gone far enough, that nothing new appeared, and that this way was leading us to the north, which I wished to avoid, because it was winter on the land, and it was my intention to go to the south, moreover the winds were becoming violent, I therefore determined that no other plans were practicable, and so, going back, I returned to a certain bay that I had noticed, from which I sent two of our men to the land, that they might find out whether there was a king in this country, or any cities. These men traveled for three days, and they found people and houses without number, but they were small and without any government, therefore they returned. Now in the meantime I had learned from certain Indians, whom I had seized there, that this country was indeed an island, and therefore I proceeded towards the east, keeping all the time near the coast, for 322 miles, to the extreme ends of this island. From this place I saw another island to the east distant from this Juana 54 miles, which I called forthwith Hispana; and I sailed to it; and I steered along the northern coast, as at Juana, towards the east, 564 miles. And the said Juana and the other islands there appear very fertile. This island is surrounded by many very safe and wide harbors, not excelled by any others that I have ever seen. Many great and salubrious rivers flow through it. There are also many very high mountains there. All these islands are very beautiful, and distinguished by various qualities; they are accessible, and full of a great variety of trees stretching up to the stars; the leaves of which I believe are never shed, for I saw them as green and flourishing as they are usually in Spain in the month of May; some of them were blossoming, some were bearing fruit, some were in other conditions; each one was thriving in its own way. The nightingale and various other birds without number were singing, in the month of November, when I was exploring them. There are besides in the said island Juana seven or eight kinds of palm trees, which far excel ours in height and beauty, just as all the other trees, herbs, and fruits do. There are also excellent pine trees, vast plains and meadows, a variety of birds, a variety of honey, and a variety of metals, excepting iron. In the one which was called Hispana, as we said above, there are great and beautiful mountains, vast fields, groves, fertile plains, very suitable for planting and cultivating, and for the building of houses. The convenience of the harbors in this island, and the remarkable number of rivers contributing to the healthfulness of man, exceed belief, unless one has seen them. The trees, pasturage, and fruits of this island differ greatly from those of Juana. This Hispana, moreover, abounds in different kinds of spices, in gold, and in metals. On this island, indeed, and on all the others which I have seen, and of which I have knowledge, the inhabitants of both sexes go always naked, just as they came into the world, except some of the women, who use a covering of a leaf or some foliage, or a cotton cloth, which they make themselves for that purpose. All these people lack, as I said above, every kind of iron; they are also without weapons, which indeed are unknown; nor are they competent to use them, not on account of deformity of body, for they are well formed, but because they are timid and full of fear. They carry for weapons, however, reeds baked in the sun, on the lower ends of which they fasten some shafts of dried wood rubbed down to a point; and indeed they do not venture to use these always; for it frequently happened when I sent two or three of my men to some of the villages, that they might speak with the natives, a compact troop of the Indians would march out, and as soon as they saw our men approaching, they would quickly take flight, children being pushed aside by their fathers, and fathers by their children. And this was not because any hurt or injury had been inflicted on any one of them, for to every one whom I visited and with whom I was able to converse, I distributed whatever I had, cloth and many other things, no return being made to me; but they are by nature fearful and timid. Yet when they perceive that they are safe, putting aside all fear, they are of simple manners and trustworthy, and very liberal with everything they have, refusing no one who asks for anything they may possess, and even themselves inviting us to ask for things. They show greater love for all others than for themselves; they give valuable things for trifles, being satisfied even with a very small return, or with nothing; however, I forbade that things so small and of no value should be given to them, such as pieces of plates, dishes, and glass, likewise keys and shoelace tips although if they were to obtain these, it seemed to them like getting the most beautiful jewels in the world. It happened, indeed, that a certain sailor obtained in exchange for a shoelace tips as much worth of gold as would equal three golden coins; and likewise other things for articles of very little value, especially for new silver coins, and for some gold coins, to obtain which they gave whatever the seller desired, as for instance an ounce and a half and two ounces of gold, or thirty and forty pounds of cotton, with which they were already acquainted. They also traded cotton and gold for pieces of bows, bottles, jugs and jars, like persons without reason, which I forbade because it was very wrong; and I gave to them many beautiful and pleasing things that I had brought with me, no value being taken in exchange, in order that I might the more easily make them friendly to me, that they might be made worshipers of Christ, and that they might be full of love towards our king, queen, and prince, and the whole Spanish nation; also that they might be zealous to search out and collect, and deliver to us those things of which they had plenty, and which we greatly needed. These people practice no kind of idolatry; on the contrary they firmly believe that all strength and power, and in fact all good things are in heaven, and that I had come down from thence with these ships and sailors; and in this belief I was received there after they had put aside fear. Nor are they slow or unskilled, but of excellent and acute understanding; and the men who have navigated that sea give an account of everything in an admirable manner; but they never saw people clothed, nor these kind of ships. As soon as I reached that sea, I seized by force several Indians on the first island, in order that they might learn from us, and in like manner tell us about those things in these lands of which they themselves had knowledge; and the plan succeeded, for in a short time we understood them and they us, sometimes by gestures and signs, sometimes by words; and it was a great advantage to us. They are coming with me now, yet always believing that I descended from heaven, although they have been living with us for a long time, and are living with us to-day. And these men were the first who announced it wherever we landed, continually proclaiming to the others in a loud voice, "Come, come, and you will see the celestial people." Whereupon both women and men, both young men and old men, laying aside the fear caused a little before, visited us eagerly, filling the road with a great crowd, some bringing food, and some drink, with great love and extraordinary goodwill. On every island there are many canoes of a single piece of wood; and though narrow, yet in length and shape similar to our row-boats, but swifter in movement. They steer only by oars. Some of these boats are large, some small, some of medium size. Yet they row many of the larger row-boats with eighteen cross-benches, with which they cross to all those islands, which are innumerable, and with these boats they perform their trading, and carry on commerce among them. I saw some of these row- boats or canoes which were carrying seventy and eighty rowers. In all these island there is no difference in the appearance of the people, nor in the manners and language, but all understand each other mutually; a fact that is very important for the end which I suppose to be earnestly desired by our most illustrious king, that is, their conversion to the holy religion of Christ, to which in truth, as far as I can perceive, they are very ready and favorably inclined. I said before how I proceeded along the island Juana in a straight line from west to east 322 miles, according to which course and the length of the way, I am able to say that this Juana is larger than England and Scotland together; for besides the said 322 thousand paces, there are two more provinces in that part which lies toward the west, which I did not visit; one of these the Indians call Anan, whose inhabitants are born with tails. They extend to 180 miles in length, as I have learned from those Indians I have with me, who are all acquainted with these islands. But the circumference of Hispana is greater than all Spain from Coliure [Catalonia] to Fontarabia [Fuenterrabia]. And this is easily proved, because its fourth side, which I myself passed along in a straight line from west to east, extends 540 miles. This island is to be desired and is very desirable, and not to be despised; in which, although as I have said, I solemnly took possession of all the others for our most invincible king, and their government is entirely committed to the said king, yet I especially took possession of a certain large town, in a very convenient location, and adapted to all kinds of gain and commerce, to which we give the name of our Lord of the Nativity. And I commanded a fort to be built where forthwith, which must be completed by this time; in which I left as many men as seemed necessary, with all kinds of arms, and plenty of food for more than a year. Likewise one caravel, and for the construction of others men skilled in this trade and in other professions; and also the extraordinary good will and friendship of the king of this island toward us. For those people are very amiable and kind, to such a degree that the said king gloried in calling me his brother. And if they should change their minds, and should wish to hurt those who remained in the fort, they would not be able, because they lack weapons, they go naked, and are too cowardly. For that reason those who hold the said fort are at least able to resist easily this whole island, without any imminent danger to themselves, so long as they do not transgress the regulations and command which we gave. In all these islands, as I have understood, each man is content with only one wife, except the princes or kings, who are permitted to have twenty. The women appear to work more than the men. I was not able to find out surely whether they have individual property, for I saw that one man had the duty of distributing to the others, especially refreshments, food, and things of that kind. I found no monstrosities among them,
as very many supposed, but men of great reverence, and friendly. Nor are
they black like the Ethiopians. They have straight hair, hanging down.
They do not remain where the solar rays send out the heat, for the strength
of the sun is very great here, because it is distant from the equinoctial
line, as it seems, only twenty-six degrees. On the tops of the mountains
too the cold is severe, but the Indians, however, moderate it, partly by
being accustomed to the place, and partly by the help of very hot victuals,
of which they eat frequently and immoderately.
Finally, that I may compress in a few words the brief account of our departure and quick return, and the gain, I promise this, that If I am supported by our most invincible sovereigns with a little of their help, as much gold can be supplied as they will need, indeed as much of spices, of cotton, of mastic gum (which is only found in Chios), also as much of aloes wood, and as many slaves for the navy, as their Majesties will wish to demand. Likewise rhubarb and other kinds of spices, which I suppose these men whom I left in the said fort have already found, and will continue to find; since I remained in no place longer than the winds forced me, except in the town of the Nativity, while I provided for the building of the fort, and for the safety of all. Which things, although they are very great and remarkable, yet they would have been much greater, if I had been aided by as many ships as the occasion required. Truly great and wonderful is this, and not corresponding to our merits, but to the holy Christian religion, and to the piety and religion of our sovereigns, because what the human understanding could not attain, that the divine will has granted to human efforts. For God is wont to listen to his servants who love his precepts, even in impossibilities, as has happened to us on the present occasion, who have attained that which hitherto mortal men have never reached. For if anyone has written or said anything about these islands, it was all with obscurities and conjectures; no one claims that he had seen them; from which they seemed like fables. Therefore let the king and queen, the princes and their most fortunate kingdoms, and all other countries of Christendom give thanks to our Lord and Saviour Jesus Christ, who has bestowed upon us so great a victory and gift. Let religious processions be solemnized; let sacred festivals be given; let the churches be covered with festive garlands. Let Christ rejoice on earth, as he rejoices in heaven, when he foresees coming to salvation so many souls of people hitherto lost. Let us be glad also, as well on account of the exaltation of our faith, as on account of the increase of our temporal affairs, of which not only Spain, but universal Christendom will be partaker. These things that have been done are thus briefly related. Farewell. Lisbon, the day before the Ides of March. Christopher Columbus, Admiral of the
Ocean Fleet
NOTE: translation
to the MAINE University from USA
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| Carta
a Santàngel, Edició en castellà de la Carta.
Impressa per Pere Possa a Barcelona 1493 |
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| Edició en llatí copiada de la d'en Leandre Coscó | |||||||||||||
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| .Edició
alemanya de Basilea 1497
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Edició alemana d'Estrasbourg de 1498. ![]() |
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| Verdeutscht
aus der katalonischen Sprache und dem Latein
zu Ulm.
Und ist etwas was er dazugesetzt hat zu dem was Ptolemäus und andere Meister der Kartenkunde lehrten und schrieben. Als der es gefunden hat, hat der geschrieben ehe davon geschrieben worden ist und dem König auch davon gesagt worden ist. Ehe daß er gesandt worden ist es zu erfahren. Gedruckt in Straßburg von Meister Bartlomeß, Künstler im Jahre 1497 am Jeronymustag. |
Traducida
del catalán y del latín al alemán
de Ulm.
Ha añadido algo a la ciencia de Ptolomeo y los otros maestros de la geografía. Cuando lo encontró, escribió sobre esto antes de hacerlo otros y antes de haberlo comunicado al Rey por otros. Antes de haber sido enviado para encontrarlo. Impreso en Estrasburgo por el maestro Bartlomé, artista en el año 1497, en el dia de San Jerónimo. |
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| Començament
de la carta a Gabriel Sanxis, Edició de Roma (en
llatí)
En totes les primeres versiones conegudes de la Carta, el cognom del descobridor es Colom o Columbus, mai Colón, i en totes es dirigeix al Rei, i no "A ses Alteses". |
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| Posible
idioma original de la carta
Pere Català Roca, escriu a "Colom i el mòn català": Si dons les dues versions impreses de la Carta d'en Colom del relat de la descoberta ens trobem amb originals catalans, en la de Santàngel l'any 1493 a Barcelona per Pere Posa, i en la de Sanxis oublicada en alemany i en referencia a una versió catalana (i llatina), aixó vol dir indubtablement que al darrere hi havia un original català, l'original escrit per Colom. Aquest també es el parer de Palau i Dulcet. Per altra part Caius Parellada Cardellach a “Colom venç Colombo” afirma: La carta original de Colom anunciant la descoberta és una de les proves concloents de la seva identitat nacional: va ser tramesa per l’Almirall des de Lisboa a Barcelona el mes de març de 1493 donant compte del seu viatge de descoberta als secretaris del rei, Gabriel Sanxis (tresorer reial), Lluís de Santàngel (escrivà de ració) i als reis catòlics; n’hi hagué doncs, tres exemplars, i els primers destinataris de les cartes eren catalanoparlants (Sanxis i Santàngel) i també el seu primer traductor: Leandre Coscó (que pertangué a la branca aragonesa de la família Coscó originària d’un poble de la Noguera) que va viure molt temps a Barcelona. La traducció de Coscó de la carta a Sanxis del català al llatí va ser impresa a Roma la primavera de 1493 abans que Colom arribés a Barcelona des de Lisboa. Comparant-la amb la versió de la carta a Santàngel impresa la mateixa primavera a Barcelona (podria haver estat una traducció d’una llengua hispana a una altra), es veu que els dos autors tenien la mateixa nacionalitat. En la versió de Coscó, Colom va descobrir les noves terres per “al nostre millor regne” (pro felicissimo rege nostro) i no pas per a “les vostres alteses”. En la traducció de la carta a Sanxis les Índies són a favor “del rei i reina els nostres prínceps i per a totes les nacions d’Espanya” (“erga Regem, Reginam Principes nostros, et universitas gentes Hispaniae”). En canvi en la carta a Santàngel hi diu que els monarques poden disposar de les noves terres “completament com en els regnes de Castella” (tan complidamente como de los reinos de Castilla) (“al amor y servicio de sus altezas y de toda la nación castellana”). El distingit professor Charles Merrill, filòleg romanista, del Mount Saint Mary’s College. Emmistsburg, MD dels Estats Units, va estudiar el tema, i diu que la carta manuscrita és una prova cabdal per afirmar la catalanitat del descobridor. L’any 1497 n’aparegué la traducció alemanya a Strasbourg, i s’hi indica que és una traducció del català i del llatí. A més a més, es coneixen almenys cinc edicions d’una traducció en vers de la carta a l’italià per Giulio Dati, en la qual s’anomena l’Almirall per primer cop “Colombo”. En total foren 70 edicions primerenques de les diverses versions de les cartes a Santàngel i a Sanxis. L’il·lustre historiador espanyol Sr. Antoni Rumeu de Armas, referint-s’hi, diu que: “No hay acontecimiento comparable en propagación en todo lo largo del Renacimiento” i que fou “el certificat de baptisme d’Amèrica”. La carta escrita directament als reis catòlics no va ser coneguda fins l’any 1985, i en donà compte aquest erudit publicant-la al “Librocopiador” aparegut a Tarragona l’any 1988. Però les nou cartes manuscrites de Colom que s’hi publiquen són còpies de mitjan segle XVI. L’original de la “carta de Colom als reis” ha desaparegut (dipositat a l’Arxiu reial de Barcelona o a Castella?). Colom en servà una còpia, i n’envià una transcripció als monarques l’any 1500 per segon cop; però els originals també han desaparegut, com les trameses a Santàngel i a Sanxis. Tot i que els originals de les tres cartes van desaparèixer, se’n conserven alguns exemplars d’edicions castellanes de la l’adreçada a Lluís de Santàngel i altres d’edicions llatines i traduccions a altres llengues de la dirigida a Sanxis. Sabem que hi hagué una primera versió de la que dirigí a Santàngel pel seu fill Ferran, fundador de la Biblioteca colombina de Sevilla, que anotà al seu Abecedarium: “Cristoforo Colon. Letra enviada al escribano de racion. 1493. En catalán –4643-“. Aquesta carta enregistrada per Ferran Colom no porta data de compra, i sí que en porten la versió llatina i la versificada en italià per Dati. Això vol dir que la versió catalana fou heretada. Copies manuscrites de la Carta
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